ERMITA DE SAN SEBASTIÁN Y SAN ROQUE. (LOS SANTOS)

Construida en las afueras de la población, es un claro ejemplo de la arquitectura religiosa rural. Responde a las inquietudes sociales y espirituales del momento porque está dedicada a los santos Roque y Sebastián, abogados contra la peste, bajo cuya intercesión se encomienda el pueblo para evitar o liberarse de las terribles epidemias del pasado. Aunque la veneración conjunta de los dos santos viene desde la Edad Media, es a partir del s. XVII cuando se desarrolla su culto. La construcción de la ermita de Valdelagua podemos situarla hacia la mitad del siglo XVIII.

De una sola nave y cabecera plana, tiene la puerta de entrada en el muro sur, protegida de las frecuentes inclemencias de la zona por un simple pórtico. El interior es de una sola nave, cubierta a dos aguas. Un arco de triunfo da acceso al presbiterio, de bóveda rebajada y con todo el zócalo pintado. El retablo del altar mayor se enmarca en un gran cortinón pintado, a modo de trampantojo, tan del gusto teatral del barroco.

El retablo, (hoy visible en la iglesia del pueblo), dentro de su aparente simpleza, es una pieza muy singular y representativa de las características estéticas del barroco: tensión, por la doble titularidad de su dedicación; teatralidad, porque se enmarca con una gran cortina desplegada que hace las veces del telón de un teatro; profusión decorativa, exhibida con abundancia en palmetas, róleos, onduladas hojas de acanto, cabecillas de angelotes, sin que falten las necesarias columnas salomónicas festoneadas de flores y frutos; clasicismo y dramatismo, en las excelentes tallas de los dos titulares, modeladas con gran estudio de las anatomías y la expresividad de cuerpos y rostros; dinamismo, en el plegado de los paños y contraposto de San Roque o en la curva serpentinata que dibuja el cuerpo de San Sebastián.

En definitiva, se trata de un retablo bastante excepcional por su advocación dúplice, que se puede datar a mediados del s. XVIII, encargado, (como la construcción de la ermita), para protección espiritual contra las pestes; de dimensiones modestas pero con un rico despliegue del aparato decorativo, de gran imaginación y factura notable, destaca el colorido general por la intensidad de su gama cromática, hoy algo deslucida por el paso del tiempo, sobresaliendo  del conjunto las imágenes de los santos titulares, realizadas por un escultor de grandes dotes artísticas, clasicistas pero llenas de movimiento y posiblemente anteriores al retablo, en las cuales el estilo barroco alcanza su más alta expresión.

Built on the outskirts of the town, the Hermitage of San Sebastián and San Roque is a clear example of rural religious architecture. Dedicated to Saints Roque and Sebastián, lawyers against the plague, it acknowledges the social and spiritual concerns of the time and the people who prayed there to avoid or free themselves from the terrible epidemics of the past. Although the joint worship of the two saints comes from the Middle Ages, this adoration began to develop in the 17th Century. The construction of the hermitage of Valdelagua can be dated to the middle of the 18th Century.

 

With a single nave and flat head, it has its entrance door on the south wall, protected from the frequent harsh weather in the area, by a simple portico. The interior contains a single nave, with a gabled roof. A triumphal arch gives access to the presbytery, which has a lowered vault and a baseboard that has been completely painted. The altarpiece of the main altar is framed in a large curtain painted, as a trompe l’oeil, typical of theatrical flavour of the baroque period.

 

The altarpiece, (which has been moved and is now housed in the town’s church), within its simplicity, is a very unique piece and representative of the aesthetic characteristics of the baroque tension, due mainly to the dual ownership of its dedication; theatricality, because it is framed by a large curtain unfolded, acting as the curtain of a theatre; decorative profusion, exhibited in abundance in palmettes, rollers, undulating acanthus leaves, angel heads, and Solomonic columns scalloped with flowers and fruits; classicism and drama, in the excellent carvings of the two headlines, modelled with attention to the anatomies and expressiveness of the bodies and faces; dynamism, in the folds in the cloth and contrasts of  San Roque or in the serpentine curve that draws the body of San Sebastián.

 

In short, it is a rather exceptional altarpiece for its duplex dedication, which can also be dated back to the mid- 18th Century, (together with construction of the hermitage), built for spiritual protection against the plagues; of modest dimensions but with a rich display of great imagination and remarkable workmanship, the general colour stands out due to the intensity of its chromatic range, although somewhat faded by the passage of time. The images of the titular saints standing out from the group, made by a sculptor of great artistic skills, a fine example of the Baroque style reaching its highest expression.

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